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Hola de nuevo

Hola. No pensaba escribirte alguna vez de nuevo, pero no he podido evitarlo.

Es que hoy es uno de esos días grises. De los que no me gustan.

Yo sé que has recorrido mucho mundo, mucho más que yo, pero Lima siempre será nuestra. Y hoy he pasado por la montañita, ¿te acuerdas?

Esa duna que para nada es una montaña. Pero que ambos totalmente consciente de nuestro error optamos por denominarla así. 

Nuestra montañita.

Hay días y días, #%&$, y en algunos te he extrañado. Como hoy que escribo esto. Maldita sea. 

¿Tú me recuerdas?

No me respondas. 

La melancolía que tengo es tan perfecta que tu respuesta solo lo arruinaría todo. 

Hace unos días soñé contigo y decías que me odiabas. 

Echados, acostados, descansando, tomando, fumando, tirando, mirándonos, a veces susurrando, prometiendo cosas, otras gritando porque estábamos un poco locos. Nunca había sido tanto de alguien. Era una felicidad nueva.

Y recuerdo tan bien esos días. El calzado más decrépito. La hierba tan preciada. El sabor del vino también. Nos devoramos el cuerpo y la vida. Tu boca me sostenía. Dos vampiros del desierto. La gente afuera, muy lejos de nosotros, con su nueva normalidad se cubría el rostro y moría. Nosotros ni nos dábamos cuenta. El amor era la droga que nos alienaba del mundo exterior. ¿O era obsesión?  Daba igual, se sentía igual o mejor. 

De un hilo pende el puente que me sostiene de correr detrás tuyo nuevamente.

Eramos tan irresponsables y tan desenfrenados a veces que me asustaba. Me asustaba porque sentía que me iba a quemar. Y si no hubiera tenido tanto miedo al futuro, me hubiera quedado a vivir y morir así contigo. El miedo de estar perdiéndome. 

Hasta ahora cuando siento que el calor de mis entrañas me va a matar una mano invisible me detiene. 

Abstinencia de ti.

Una mano invisible. Que me golpea y me pone contra el suelo, yo me sacudo y digo: un último encuentro y será el fin. Pero nunca me cree y me aprieta, me aprieta tanto, que los ojos se me van a salir. Y me calmo. Una mano que no veo me detiene. ¿A ti quién te detiene, #$%&? Más que la violencia que solíamos habitar, nunca perdoné tu ausencia. 

Tú sabes cuánto te recuerdo. Un temblor por la noche lo derrumbó todo. Nosotros dormíamos, no pudimos reaccionar. ¿Cómo íbamos a saberlo? Nunca nos preparamos.

Pasé por nuestro lugar. Tengo noticias. Están construyendo un estadio en nuestra montaña. Todo se destruye. Es de la policía. Lo he visto hoy. Lo están destruyendo. Todo se muere. Ese montón de arena no será nuestra montaña nunca más. 

Y yo solo puedo sentir pena.

Lo intentamos, nadie puede decir que no.

Escrito a inicios del 2021

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